Saltar al contenido

Chica con enfermedad crónica adoptó a un perrito de tres patas

COMPARTIR FACEBOOK
 
COMPARTIR TWITTER

Por una situación que no debería atravesar ningún animal es por el abandono. Pero por desgracia muchos deben pasar por esta situación debido a la negligencia de los que alguna vez se llamaron sus dueños. El siguiente paso para estos amigos peludos es ser acogido por algún refugio. Para después poder llegar a un hogar definitivo, pero no todos tienen la misma suerte. De hecho, a aquellas mascotas que cuentan con algún problema físico o de salud en general se les hace mucho más difícil encontrar una familia. Ese era el caso de Wilbur, un perrito de tres patas que pasaba sus días en un refugio, donde lo adoptaban y luego lo devolvían constantemente.

Nadie le daba la oportunidad de quedarse en casa definitivamente. La escritora estadounidense Meghan Beaudry, quien padece lupus, no pudo seguir de lado cuando se enteró de la existencia de este pequeño poodle. A quien veía un parecido en ella al tener una discapacidad. El perrito estaba en un estado de abandono, por eso sintió que debía darle una oportunidad de que cambiara su vida. «Con el pelo blanco y desgreñado cubriéndole los ojos, parecía más un trapeador que un perro. Vi su foto por primera vez durante la hora del almuerzo de mi trabajo como maestra. Mientras revisaba mi teléfono y abría un correo electrónico de un refugio de animales cercano», relató Meghan. Había visto por primera vez a Wilbur en una foto de un refugio en internet y desde entonces no lo olvidó.

«La imagen del perro apareció una y otra vez en mi mente a lo largo de la jornada laboral», dijo. «Cuando el empleado del refugio colocó al perro de la foto en mis brazos, se retorció hasta que su cuerpo quedó erguido y su pecho contra el mío. Envolvió sus piernas alrededor de mi cuello como si yo fuera un bote salvavidas en medio del océano y estaba aterrorizado de soltarme», agregó. La mayor sorpresa para Meghan fue saber que no era la primera vez que a este perrito lo acogían. «‘Ha sido adoptado varias veces, pero lo siguen trayendo de vuelta’, me dijo el empleado. El peso de todo el rechazo que había experimentado en los últimos 4 años pareció aplastarme de golpe», comentó.

La mayor conexión que sintió con Wilbur fue el hecho de que los dos padecían de alguna discapacidad. Así se sintió complementada por el perrito. «Adopté un perro discapacitado porque ya no podía vivir con la soledad de ser la única discapacitada en mi vida. En su primer paseo el día después de que lo adopté, el perro vaciló, confundido por su correa. Después levantó la nariz para oler el aire, meneó la cola y saltó por la acera con entusiasmo. Su cojera hizo que sus orejas se agitaran como si fueran alas», expresó.  El nombre del perrito vino de Wilbur Wright, uno de los inventores del avión. Que fue en lo primero que pensó Meghan al ver a su perrito caminando. «Las partes de nuestras discapacidades que hicieron que otros nos rechazaran nos hicieron a Wilbur y a mí perfecto el uno para el otro», confesó.

El perrito a lo largo de su vida ha desarrollado una gran relación con su madre humana y cada vez que ella debe quedarse en cama por asuntos relacionados a su enfermedad, él va y se acurruca con ella para acompañarla. «Ya no llora ni araña ninguna puerta entre nosotros. La duda y el miedo al rechazo todavía se deslizan en mis pensamientos de vez en cuando. Pero, por suerte, sé a quién acudir cuando necesito un abrazo», contó Meghan.

Comparta con sus amigos y familiares esta historia de vínculo con su perrito. Para que las personas vean como nos llegan a complementar estos peludos de cuatro patas. 

COMPARTIR FACEBOOK
 
COMPARTIR TWITTER


Te puede interesar: