Salvó a un colibrí y en agradecimiento esta ave lo visita todos los años

Quizás para muchas personas suene raro, pero lo cierto es que hay animales salvajes que son capaces de demostrar, de diferentes formas, que están agradecidos.

En la gran mayoría de los casos, los humanos cuando queremos mostrar nuestra gratitud solemos dar las gracias o regalar algún obsequio a la persona que nos ha hecho un gran favor, aunque esto son solo algunos ejemplos de cómo los humanos solemos agradecer las cosas.

Curiosamente los animales también han aprendido a mostrar a las personas que están agradecidas, cuando éstas hacen algo por ellos como por ejemplo darles de comer o salvarles la vida.  Pero el misterio no solo está en cómo estos animales han aprendido a agradecer las cosas sino en cómo lo hacen.

Por ejemplo los perros suelen mostrarse mucho más atentos, leales y cariñosos con aquellas personas que han salvado su vida o que los han adoptado. De hecho, con estas personas suelen crear un vínculo muy especial que los une a su humano de una forma muy peculiar.

Nuestro protagonista de hoy sin embargo, no es ningún perro que muestra su agradecimiento a través de estar a todas horas con su humano, sino que es capaz de hacerlo de una forma muy bonita y especial.

Todo comenzó cuando un ex oficial de las fuerzas élite de Georgia, Mike Cardenas, vio a un pobre colibrí que estaba en grave peligro. Lo único en lo que podía pensar Mike era en poder rescatar a la pequeña ave y que ésta acabara sobreviviendo.

Así precisamente fue como en 2015 este hombre salvó la vida a un pobre colibrí que se había dañado sus alas y esto le impedía volar. Este ex oficial estuvo mucho tiempo cuidando al colibrí hasta que sus alas se recuperaran completamente y el animal pudiera de nuevo volar, así que de estar tanto tiempo juntos Mike decidió llamar al Colibrí con el nombre de Buzz.

Ambos se echan de menos cuando están lejos

Con el tiempo, Buzz poco a poco fue recuperándose de la herida de sus alas y consiguiendo movilidad para poder volar pero aún no estaba listo para la vida salvaje así que Mike lo aceptó en su casa como si fuera un miembro más de su familia.

Buzz notó que sus alas estaban mejor así que para probarse a sí mismo volaba de un lado al otro del patio de este hombre, y cuando estaba cansado de volar volvía dentro de su casa y reposaba.

En invierno fue cuando Buzz se encontró en condiciones para poder marcharse y alejarse del lado de su nuevo compañero y amigo Mike, así que alzó sus alas y se fue volando. Su partida fue muy triste para todos los miembros de la familia pues le habían tomado mucho cariño, pero sabían que esta pequeña ave tenía que volar libre.

Nadie se esperaba a que Buzz regresara algún día pero para sorpresa de todos, cada año le hace una visita a su amigo humano. Se queda esperando y cuando Mike sale a recibirlo se posa en su mano a modo de saludo y se queda un par de horas hasta que vuelve a alzar de nuevo el vuelo.

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