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Después de despertarse con resaca y un ojo morado, ve una nota de su mujer y se pone a llorar

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Posiblemente a muchas personas nos ha pasado que después de una noche de fiesta desenfrenada acabamos despertándonos, no recordando casi nada de la noche anterior y con una gran resaca. No es para nada una novedad y mucho menos lo es las personas que dicen “ten cuidado con el alcohol que es peligroso”. Lo cierto es que esa frase tiene una gran parte de verdad y es que el alcohol hace que las personas nos transformemos y hagamos y digamos cosas que quizás no queríamos haber dicho o hecho.  Todos conocemos los efectos del alcohol y en nuestra vida hemos hecho cosas inimaginables que al día siguiente no nos acordamos de haber hecho, esto es una realidad.

Si no creen lo que hemos dicho, que se lo cuenten al protagonista de nuestro artículo pues la siguiente historia que les vamos a contar es una prueba irrefutable de lo hemos comentado anteriormente.

La historia comienza cuando Enrique, el joven protagonista de esta historia, despierta de su profundo sueño con una tremenda resaca de haberse pasado de tomar copas esa noche y con la cara desfigurada, lo típico en una gran resaca. El caso es que este joven no se acordaba de absolutamente nada de la noche anterior, solo se acordaba que él y unos amigos se habían ido de bares  pero a partir de ahí no se acordaba de nada ¡Ni siquiera de cómo había llegado a casa! así pues imaginaros la cara de susto que tuvo que ponerse cuando se miró al espejo.

En un primer momento Enrique intentó recordar lo que había hecho la noche anterior pero su mente estaba en blanco y como ocurre tantas veces en esta situación este joven comenzó a preocuparse por si había hecho algo que no debía o si hizo algo mal, pues como todos sabemos los efectos del alcohol puede ser traicioneros. Así pues después de varios intentos , Enrique por fin consigue abrir los ojos y lo primero que visualiza son un par de pastillas para el dolor de cabeza y un vaso de agua que están colocados en su mesita, perfecto para que la resaca disminuyera. Con un esfuerzo extremo este joven se sienta y por fin mira a su alrededor, en la silla ve su ropa que está doblada. En ese momento no entiende nada.

Después de salir de su desconcierto, se toma  las pastillas con el agua y se va directo al baño para poder lavarse la cara, es ahí donde comienza sorprenderse. Cuando Enrique ve su cara reflejada en el espejo ve claramente que está llena de golpes y al no recordar nada está realmente estupefacto. Además de todo eso, la preocupación que siente va más allá cuando no ve por ningún lado a su esposa, Cristina.

Pasado unos minutos, este joven ve una nota que está colgada en una de las equinas del baño y en ese preciso momento es cuando su nerviosismo aumenta. Lo cierto es que en ese momento, y antes de coger la nota, Enrique se esperaba lo peor porque no se acordaba de nada. Así pues cuando cogió la nota de su esposa, con las manos temblando, vio que en la nota había pequeños corazones dibujados y unos labios de mujer marcados en la nota con un labial rojo, la nota decía lo siguiente:  “Amado esposo, anoche llegaste muy borracho e hiciste mucho escándalo. ¡Pero no te preocupes! El desayuno está en la mesa, yo me fui temprano para que pueda preparar tu comida preferida esta noche. Te amo. Tu Cris”.

Realmente asombrado, Enrique fue hacia la cocina y efectivamente el desayuno estaba servido. Había café recién hecho y un periódico esperándolo, además su hijo se encontraba en ese momento en el mismo lugar así pues Enrique aprovechó y le pregunto a su hijo:”¿Hijo, sabes qué pasó anoche”.

En ese preciso momento, la verdad se reveló. Y su hijo le contó lo siguiente:Pues tú llegaste a casa más tarde de las 3 de la mañana y estabas súper borracho y parecías un loco. Te caíste encima de la mesa del salón y la rompiste. Después vomitaste todo el pasillo y chocaste con una puerta y por eso tienes ese ojo negro”.  Enrique confundido, con dolor de cabeza por la resaca y realmente avergonzado seguía sin comprender por qué su mujer estaba de tan buen humor y le preguntó a su hijo el por qué de su buen humor y el por qué del desayuno en la mesa, su hijo le respondió:  “Ah, eso… Sí, porque cuando mi mamá te llevó al dormitorio y trató de quitarte los pantalones tú gritaste: ¡déjame en paz, soy un hombre casado!

Mucho más tranquilo Enrique después de saber toda la verdad, se puso a llorar.

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