El cetáceo encalló en la orilla de playa y rescatistas de la zona lograron salvarla con ayuda de una niña y su madre.
Las ballenas varadas son algo común, lamentablemente. Antiguamente, las únicas causas eran la desorientación del animal o la huida de un depredador, lo que provocaba que terminaran encalladas en las playas y murieran bajo el Sol costeño.

Pero con crecimiento social y tecnológico del ser humano, esas causas han aumentado. Ahora esa desorientación que sufren las ballenas le es atribuida a los sonares de los barcos, el cambio en el campo magnético terrestre debido al calentamiento global o la inmensa contaminación de los mares que habitan estas gigantescas criaturas.
Un ejemplo de esto ocurrió el 25 de agosto de 2015, cuando Zainab Aziz de 12 años caminaba junto con su madre por una playa de Auckland cerca de Point Chevalier, Nueva Zelanda, y se encontraron con una ballena minke (Balaenoptera bonaerensis) de 8 metros de largo varada en la orilla. Pese a sus esfuerzos, el cetáceo no podía moverse.

Antes esto, la dupla llamó a Project Jonah, una organización neozelandesa encargada de ayudar a salvar ballenas y luchar por su protección. “Mi madre y yo la vimos y luego solo nos quedamos a su lado hasta que llegó la ayuda y comenzamos a mojarla y cosas por el estilo”, relató la niña que junto con los voluntarios intentaban mantener a la ballena mojada.
“Si bien este sol de invierno no es muy fuerte, el viento sopla y su piel se secará con bastante rapidez. Además, el peso de su propio cuerpo sobre sus órganos internos podría causar daños de los que no sabremos”, aclaró Daren Grover, gerente general de Project Noah. Además, agregó que podría ser la ballena que se vio en Riverhead el día anterior.

El tiempo pasaba y el mamífero se mostraba cada vez más agotado y con piel que empezaba a sercarse. Tuvieron que esperar a que la marea subiese, ya que no convenía tirar del delicado y enorme animal. El equipo de rescate limpió su espiráculo para asegurarse que respirara bien. Finalmente, y luego de 7 horas, la marea subió cubriendo a la ballena y permitiendo que se moviera y lograra volver a aguas profundas. “Originalmente, parecía que estaba súper cansada y no hacía nada, pero ahora parece estar absolutamente bien”, comentó uno de los rescatistas de Project Noah.

La organización comentó en su página de Facebook que luego de que la ballena comenzara a nadar libremente, unos botes la acompañaron y monitorearon la costa para asegurarse de que la ballena se encontraba bien y no volviera a encallar. Aparentemente, no volvieron a verla.
