Es común hoy en día leer en las redes sociales historias sobre rescate de animales que se encuentran en situación de calle, o similares. Andrea Sepúlveda fue de esas cientos de personas que rescatan animales. Pero ella estuvo a cargo de una especie bastante peculiar, una gaviota que se encontraba en aprietos.

Andrea Sepúlveda iba saliendo de su trabajo, un día como otro cualquiera. Cuando bajó a su estacionamiento parra entrar a su automóvil, se dio cuenta de que había una pequeña ave revoloteando por ahí, sin poder emprender su vuelo. La joven pensó que estaba perdida, así que decidió tomarla y llevarla a la calle para que el pequeño animal se pudiera orientar nuevamente. En Concepción, en Chile, lugar donde vive Andrea, es muy común que en la época de verano, las gaviotas recién nacidas emprendan su primer vuelo. Para comenzar a vivir su vida de independencia, ledos del nido materno. Es por la misma razón que la mujer no se extrañó cuando encontró al ave en el estacionamiento y pensó que solo tenía una pequeña dificultad para volar.

Pero estaba equivocada. Cuando la mujer llevó a la superficie a la gaviota y vio que esta aún así no podía elevarse, decidió que tenía que salvarla. Andrea envolvió en paños al animal y la llevó a su departamento. En un principio la joven dudó por el hecho de que ella tiene un gato, pero confió en que Huachimingo, su mascota, no le haría daño a un ave indefensa. «Mi idea era llevarla hasta la superficie para que pudiera irse, pero era evidente que aún no podía volar. Sabía que vagando por la calle no sobreviviría, así que la subí a mi auto y la traje a mi departamento en San Pedro de la Paz», dijo Andrea Sepúlveda.

Andrea pasó las siguientes semanas de su vida enseñándole a la gaviota a volar. Durante ese tiempo, las dos generaron lazos de cariño e incluso la mujer la bautizó como Margot. Increíblemente, hasta el gato de la joven participó en la rehabilitación del ave. En un principio, el enseñarle a volar fue difícil ya que la gaviota adoptada temporalmente por Andrea, era torpe, según ella misma contó. «Tenía 25 formas distintas de caerse y ninguna era con gracia», dijo la joven. Margot habló la terraza del apartamento de Andrea por semanas. Cuando la mujer volvía del trabajo, ahí estaba el ave esperándola y mirándola a través de la ventana.

Movía sus alas expresando su felicidad. Hasta que un día ocurrió el milagro. Andrea posicionó a Margot en la orilla del balcón. La gaviota comenzó a aletear con toda su energía y voló. Andrea la siguió con la mirada hasta que Margot se perdió en el horizonte. A pesar de que era su objetivo, no pudo evitar sentir tristeza por la partida de su amiga.
A continuación puede ver el vídeo donde se ve a esta gaviota pequeña intentado volar:
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