Quien dedico por muchos años a proteger y ayudar, un hombre conocido como Lawrence Anthony, quien falleció y por ese motivo en las cercanías de donde se encontraban sus restos, estaba gran número de estos animales. Quienes querían darle un adiós a su amigo quien estuvo siempre pendiente de ellos.
Los elefantes son vistos como animales grandiosos por su tamaño y habilidades, son muy unidos entre ellos, se cuidan y como en esta historia son agradecidos con esas personas como su cuidador Anthony, tanto que sintieron su ausencia y no quisieron faltar en ese momento para verlo por última vez.

Anthony era sudafricano, conocido como el “susurrador de elefantes”. Quien dejo un trabajo en una inmobiliaria para fundar una reserva natural en Zuzulandia, que lleva por nombre Thula Thula, la cual tuvo un cambio inmenso tras la llegada de 5 elefantes que tenían al principio como entretenimiento derribar las cercas eléctricas intentando huir de allí, según Upsocl.
Por otro lado, Los zulúes (grupo étnico africano) que desconocían la existencia de estos mamíferos, y pensaban eran una estrategia que utilizaban para quitarles sus tierras, les parecían animales peligrosos. Luego estaban los cazadores encantados con ellos porque les parecía unos diamantes con los que podían obtener mucho dinero, y por último pero el más importante su cuidador quien los consideraba un fastuoso símbolo de África

Entonces era sumamente necesario para el comprometerse a cuidar de ellos, ya que por lo visto para otros su tarea era que desaparecieran, motivo por el cual busco tener una cercanía con Nana la líder de la manada, que al principio su cometido era asesinarlo, pero tiempo después lo acariciaba con su trompa, haciéndolo parte de su grupo.
Entre otras cosas sobre Anthony es que fue autor del libro llamado como su apodo “El susurrador de elefantes”, en donde explica todo lo relacionado con sus experiencias y conocimiento sobre cierta cosas relacionadas con estos majestuosos animales.

Ahora bien, como empezamos describiendo ese día de marzo de 2012 cuando murió, su familia no tenía la más mínima idea de cómo sucedió y tampoco tenían palabras para explicar el hecho de que había una enorme marcha de grandes elefantes dirigiéndose a su casa.

El hijo de Lawrence, Dylan, comento que “No habían visitado la casa durante un año y medio y debieron de tomar alrededor de 12 horas para hacer el viaje”. Esto demuestra que todo el esfuerzo y tiempo que el “susurrador de elefantes” invirtió para rehabilitar a estos animales valió toda la pena del mundo, logro salvarlos de un destino fatal y consiguió amigos excepcionales que hasta el último día en este mundo estuvieron con él.
